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sábado, 31 de julio de 2010

Impulso que chapotea.




Imaginemos que entendés de qué va esto. Comprendés tus impulsos inmanejables y de alguna manera impropios, te dirigís solemne por las calles que te muerden porque les duele que pises; entendés, claramente, que tenés algo pendiente de antaño, e incluso todavía de hogaño.
Y aunque desconocés el lugar al que vas, no deja de resultarte familiar la esencia del aire. Ese perfume ya te consumió. El perro que chapotea, la vieja que hace comentarios en la parada del 103. Ella ya te habló sobre su hijo el abogado.
Pero tu camino debe seguir, entonces llegas a una casa laberinto. Pasillo largo, de paredes verde agua playero, un museo de obras de arte de humedad. Ves cortinas rojas, hilos de lana violeta que salen de a girones por la puerta. Caminas y te enredás. Tirás y el nudo se hace mayor. Hay una tijera en el suelo, pensás que es lo más conveniente usarla, mas, al cortar sentís como si algo tuyo se rompiese. Escuchás una lágrima pálida caer, y decidís cruzar la puerta.
Dentro, hay una mesa ratona de madera azabache llena de arena, con una ínfima isla salada, la cual es delimitada por puntos violetas sin terminar, desganados. Saltando de punto en punto ves cara a cara a la tejedora. Sabés quién es, y no hay confusión. Ella no dice ni una sola palabra, no puede hacerlo, su garganta también tiene un nudo.
Te espantás. Querés irte, te das cuenta que es imposible, estás totalmente involucrado. Y ella que no deja de mirarte y teje y teje tus pasos.
Como títere llegas a tu titiritero principal. Llegas a mí, mientras leo mirándote suspicaz. Los nudos van desatándose cordialmente, y no sabés qué preguntar primero.
Entonces vuela un ''¿Por qué?'' de tu boca a mi mismo ritmo y sinfonía. Preguntarías qué pasa, si fuera elocuente hacerlo, porque de golpe todo es simple, tus preguntas las hizo quien arma la historia, y las respuestas están en quien la escribe.



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tiempo sin escribir! Y bueno, no sé. Hay cosas que quisiera arreglar, pero tengo sueño, y después veré xD Como siempre, seguro no se entiende.

Saludines!

miércoles, 19 de mayo de 2010

A lo saltimbanqui.


Yo no sé si voy a estar cuando bajes de la montaña rusa. De ese ir y venir descontrolado, vos gritás, gritás, gritás; ni que realmente estuviéramos en Rusia. La cabeza me explota en forma de miel añeja, Corazón, no sé si voy a estar.

No estamos solos en el parque, pero mirá si el pulpo me ataca. Me marearé tanto que terminaré en la casa del horror otra vez, y valga la redundancia, que horror. Imagíname a mí, borracha de miedo, y vos allá gritando, no sé si podré aguantarlo. Vas, venís, te detenes, volvés. Qué querés, decime.

Sin embargo haces caso omiso a todo. Lo único que te admiro es que reis como loco.

No estoy acá abajo porque tenga miedo de vivir, no no. Vos ya tenés un acompañante, y la vuelta al mundo no la voy a dar sola, por eso los espero.

Los espero, me repito. Y me descubro sintiendo que te voy a esperar, no solo a vos, si no a tu acompañante. Y claro, pienso en la vuelta al mundo. Es demasiado grande y demasiado pañuelo para andar sola a lo saltimbanqui por ahí, los espectadores suelen ser crueles, y de más está decir, que es difícil mantener un rol en un juego de millones.

Ustedes ríen, lloran, no veo que hacen con exactitud, más bien escucho. En verdad no quise subir porque se me pincharían los globos, y el algodón de azúcar me hubiera dejado pegoteada el alma. Esa es mi imagen: Globos y algodón de azúcar amarillo, no rosa.

Que el alma se hubiera pegoteado, hubiera complicado considerablemente las cosas. Son de esos pegotes peor que el chicle, que ni con el secreto de ninguna vecina ni jabón en polvo salen. De todas formas, se me pegoteo la boca, e inconvenientes por dicha razón, hay igual.


Y se van deteniendo, despacito, para arrancar con todo en la vuelta final. Tu acompañante me intriga, creo que me costará ser con su presencia.

Ay, Corazón, mi vida. Me pregunto qué pasaría si decido irme. ¿Podrías vivir sin mí? ¿Podría yo vivir sin vos, si salieras volando? Sos de tamaño pequeño, así que eso podría ocurrir, y tengo miedo, tengo miedo otra vez.

Porque si yo me voy, una parte tuya también se va. Y si vos te vas, quedo vacía. Sé perfectamente que ambas cosas, no influyen demasiado en el acompañante, él no nos ve. O quién sabe, ni siquiera existe.

La atracción se termina, la vuelta finaliza. Bajas jocoso, el acompañante está extasiado… Casi con tirria acepto mirarte, me veo en tus zapatos, me reflejo en tus ojos, tus labios me desmienten, el pelo se te enreda en una obviedad atónita. Me mirás extrañado, como si lo supieras.

¿No habré estado viviendo una vida de espejos, cuerpo y alma patas para arriba?



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Esto es MUY cualquier cosa xD Seguro no se entiende nada, pero tenía ganitas de escribir, así que bueno. Tengo frío, me gustan los saltimbanquis yyyy, nada :D Saludos para todos!