domingo, 6 de mayo de 2012
luces. jaulas. tiempo.
martes, 24 de abril de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
martes, 20 de septiembre de 2011
Omblïgö
Del latín umbilicus, diminutivo de umbo, umbonis, "escudo, insignia, ptte, "sellito", porque es distinto de cada persona.
Las grandes revelaciones de una mujer, suceden en cuartos de hotel. N hace falta que lod iga yo para que alguien conciba esa idea. Cualquier hombres que haya amado a una mujer en un hotel, puede no sólo entender, sino afirmar lo que digo. Sólo quien lo haya hecho habrá encontrado la efímera llave del misterio que guardan.
Es posible que Gimena haya conocido la forma de su secreto desde que era muy chica. No es difícil imaginarla con cinco años, tirada en el pasto, mostrándole su panza al Sol. Riendo, sobretodo riendo. Como la noche en que la conocí en Boedo, la única diferencia es que el Sol se escondió en la Luna, y que tenía más cara de pícara que de inocente.
No puedo asegurar sí ella sabe cómo funciona su magia. Sabe que la tiene, eso sí, pero la naturaliza de tal forma que se olvida, no la registra. Para Gimena muchas cosas maravillosas, son simples flores.
Conocí a Gimena hace diez años. Lo que descubrí en ella, hace tres.
He hablado de hoteles y grandes revelaciones, es cierto. Tardé siete años en convencerla de que se acueste conmigo, y nunca la vi en otro lugar que no fuera el bar que está en Av Directorio. Excepto esa vez.
Ella tomaba un fernet, pareciendo "clásica y moderna"[1]. Le dije que era como uno.
-Sos como un ferné, pero dulce.
-¿Cómo así?- Dijo Gimena.
-Digo, no sos una flor, sos todas.
-Chís, qué te hacés, Tomás.
-Lo que no soy-le dije, y eso pareció interesarle.
La forma correcta de seducir una mujer, varía en cada una. Son como los ombligos, en cada persona cambian de forma y esencia. Cada uno tiene una dádiva que dar.
Gimena siempre fue un poco flor. Pero en aquella habitación, era la primavera más esperada Su cuerpo se rindió en la cama, como la primera gota de rocío en un equinoccio de otoño. Gimena desnuda. Gimena floreciendo. Gimena para mí.
Florecía, de verdad.
Lo que voy a decir ahora puede creerse o no. Pueden acusarme de haberme embriagado hasta con el maldito néctar que esa mujer segrega cada vez que respira. Pero sucedió, y lo real se explica sólo por tener la capacidad de existir.
De su ombligo, nació una flor. Luego otra un poco más grande, y después otra, y la piel de Gimena se volvía un pétalo acomodado entre las sábanas.
Gimena florecía. Y como conejitos de Gimena, otra Gimena tan delicada como una anémona, destilaba cada flor que creaba, en risas.
Yo la miraba. No podía entenderlo, pero tampoco necesitaba hacerlo. Y antes de que alguien me cuestione, no me terminé acostando con ella, es verdad. Pero la amé. La amé en un hotel que de pronto quedó muy lejos de Buenos Aires; y ciertamente, amarla era lo único que podía hacer y que ella de verdad necesitaba.
Hoy es el equinoccio de primavera, y todavía sigo viendo a Gimena en el bar. Le sigo diciendo que es como un fernet dulce, pero ya no pregunta porqué. Se limita a reír, y me atrevo a decir que ahora cree que tengo razón, aunque nunca vaya a dejar de ver lo increíble, como una florcita de jardín.
[1] “clásica y moderna” Es una canción de Las Pastillas del Abuelo, banda que surge en el barrio de Boedo, Buenos Aires.
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No hay imagen porque no encontré ninguna linda y si me pongo a dibujar, chau siesta (? jaja,
Saludines.
martes, 6 de septiembre de 2011
entrada número 100! Nº 100, OSVALDOOO

Haz de mí,
el gato receloso
que se destiñe
en tu
mano.
Deja que sangre
las heridas
que tu noche me dá.
Y el dolor púrpura
de una juventud
rosa,
se irá vestido de
amarillo,
en un amanecer
que aún
no nace.
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Para todas las whores que creían imposible esto (?)
Con el amor que implican estas 100 entradas jaja,
Saluuuudiiiissss.
viernes, 26 de agosto de 2011
El túnel
- Mi abuela me dijo que llegó por este túnel.
- Felipe, eso no puede ser verdad. Las abuelas son como el Sol, desde siempre estuvieron ahí.- Respondió Juana, que era un año o dos más grande que Felipe.
- No sé, Juani, mi abuela me lo dijo. Y también dijo… - el parque se abrió ante ellos, Rivadavia susurraba como si estuviera lejos, y los colectivos los escoltaban sin que lo supieran- … Que nunca me cayera ahí
- Pero claro, bobo- dijo Juana arrodillada, riéndose, mirando de lleno al túnel que tenía principio, pero no final- Si te caés ahí, no volvés más.- Y su voz repitió «Si te caés ahí, no volvés más»
- Debe ser, ¿No?
Felipe también miró el túnel, sin embargo, no dejó que su voz se esparciera por él. Fuera del parque, la ciudad ardía en obligaciones; dentro, Felipe y Juana miraban aquel agujero con la mordacidad que puede tener la curiosidad de un niño.
Juana se puso pesada. Empezó a molestar a Felipe, que te empujo, que sí, que no, vení para acá Feli, mirá que te tiró eh. Se corrieron y dieron vueltas hasta que cayó el atardecer sobre ellos. Hasta que el tropezón de Juana, fue caída.
Cayendo al gran túnel, pegó un alarido y se agarró a las zapatillas de Felipe, que absorto se perdía en las lágrimas de Juana que le gritaban ¡Feli, agarrate de algo, no me quiero caer! ¡Feli! ¡Feli!
Él no pudo reaccionar. Como si fuera un fuego letal, el miedo de Juana quemó su fortaleza y cayó, despertando en ella la desesperación de no volver, de no volver más.
La caída parecía durar los mismos años de la abuela. No había luz, no había miedo ya, la lógica no existía y el único sentimiento que podían sentir, era la pérdida de algo que no lograban descifrar.
Algo los hizo tomar otra dirección. Sintieron que se elevaban, y entonces fue cuando salieron despedidos por una corriente de aire, que los hizo aparecer en otro parque, añejado, vivido por otros que ya no eran ellos.
Ahí estaban Juana Y Felipe. La remera le oprimía el voluptuoso pecho a Juana, quien se encontraba con sus pantalones rotos y el pelo hasta la rodilla. Felipe tenía barba de años, y arrugas de haberse curtido con el tiempo.
Se miraron. Se olieron. Tardaron en levantarse. Tardaron en darse cuenta. Pero cuando consiguieron emitir palabra, comprendieron qué habían perdido.
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Después de mucho tiempo, hola de nuevo. Tenía ganas de dibujar algo para esto, tal vez lo haga después.
Abracito!
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viernes, 1 de julio de 2011
Archivo 01

La primera lágrima fue del lado izquierdo. La primera y la única puesto que lo único que no había logrado dominar eran los Danubios de su voz.
- Abrime.- insistió.
Adentro todo estallaba acribillando los sentidos. La sinestesia fue el nombre del mejor veneno para una metamorfosis que latía rasgando paredes.
A fuera, una puerta estaba siendo herida por alguien que no pudo ser parte.
La cerradura se agitaba negándose a la mano desesperada. Que le abras, te volvía a decir y vos no escuchabas, vos te estabas yendo de acá, porque ahí dentro, no había ley física alguna que avalara el infierno terrenal que acontecía tu habitación. Páginas rotas y gritos dibujados bailaban sobre tu boca, frente a tus miedos, robando lo poco que te ataba a una mundanidad inocua que jamás supo pertenecerte.
Y te viste sentado en la ventana, hamacándote en oraciones de leyendas ya extinguidas por tu dolor. Te viste del otro lado cuando estabas a punto de saltar en el libro que se iba ahuecando en el suelo de llamas fantasmas. Entonces las ramas de un árbol salieron del libro ahora convertido en un reino de gracia surreal, y te robaron las certezas, se anudaron a tus cordones arrastrándote a lo inevitable, mientras te reías de vos, resultándote al fin, desconocido en una realidad que te decantaba.
Y raspaste el cielo raso con una voz consumida. Quien agitaba la cerradura ahora no era más que un simple alguien velando en silencio un entierro que no sepultaba historias, si no que las mitificaba.
Te enterraron, inexorable. El árbol floreció en páginas amarillas, encerrándote en el pabellón del cual nunca debiste salir. El libro se cerró. Todo cesó.
Pero Alguien llora detrás de una puerta. Alguien esperar revivirte en su vida, aunque no tenga el lujo de tener un corazón en forma de poesía.
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Ocurrenme ahora varias cosas.
Necesito que quien lea esto, opine, no por una cuestión de tener más o menos comentarios, no. Si no que necesito saber la opinión pública.
Esto fue escrito ayer y hoy dije que lo iba a leer de nuevo, pero no fue así. Iba a estar destinado a un concurso al que quiero participar, pero, bueno, no xD.
Abracitos y gracias de antemano.