Se me nubla la vista.
Me siento triste.
Tan confundida y tan lejana.
El cuerpo se me desarma.
Vos me querés, pero yo me corto los labios.
Sangro.
Sangrar lo hago bien.
Desde los 11 creo que estaba destinada a eso.
Quisiera no doler.
Desnuda. Desnuda
Desnuda y
en la frontera de ser.
Ya con la mirada perdida
no puedo ver donde queda el hogar.
miércoles, 17 de agosto de 2016
domingo, 3 de julio de 2016
¿Cómo hacer para ignorar lo que tenemos programado?
¿Realmente somos así, como nos sale por inercia ser?
Yo digo: Yo no me siento de esta manera (por ejemplo, sentir celos), pero una parte de mí dice que tendría que sentirme así. Que me sienta así. Y yo, no quiero. Pero hace ruido.
Hay cosas que por más internalizadas y comprendidas espiritualmente tengamos, en la praxis cuestan bastante hacer funcionar. Sobretodo cuando uno recién empieza el camino del amor libre. Es lindo saber que teóricamente uno está predispuesto a mucho y es que el camino de la teoría pura es un camino seguro. Sin embargo es el experimentar lo que nos lleva realmente a enfrentarnos con lo que hace que esa teoría justamente exista.
Es difícil muchas veces e insisto, yo recién comienzo. Confío en que enfrentarme a mis propios prejuicios (más sobre mí que sobre el otre, en mi caso) e inseguridades me van a llevar a concretar un desarrollo personal muy grande que me va a ayudar a relacionarme más sanamente con todos mis vínculos.
Lo importante, creo, es darse el permiso de pensar y ver qué sentimos y por qué. Con calma y con paciencia y tal vez la parte más complicada para algunes: entendiéndonos sin juzgarnos.
Aprender a comunicarnos con el otre y con nosotros sin caer en el drama. Respetar los tiempos de cada quien de procesar lo que pasa.
A veces, como hoy, amanezco llena de preguntas y la verdad es que me dan ganas de huir.
Entonces trato de recordar que éste tipo de relación es lo que yo de verdad quería a pesar de todos los comentarios de mis familiares y amigues. Que en serio creo que esto puede funcionar.
Y sobretodo, me esfuerzo por no olvidar lo bien que me siento a su lado. Con él sonriendo o haciendo nada. Porque realmente cuando uno está en el baile, solo quiere bailar. Yo quiero bailar. No importa el vestido o los zapatos. No importa si al rato baila con alguien más, si yo bailo con alguien más, si no bailamos por un tiempo. Quiero saber, quiero confiar en que si ambos coincidimos en el querer, nos vamos a volver a cruzar en el baile, en la cama o en la vida.
Porque yo lo quiero bien, libre. Y preferiría no estar antes que privarle cualquier libertad. Pero quiero estar y no privarme a mí el compartir juntos sólo por inseguridades inminentes.
Por eso escribo esto hoy, sinceramente con la esperanza de decodificarme y superar lo que haya que superar.
¿Realmente somos así, como nos sale por inercia ser?
Yo digo: Yo no me siento de esta manera (por ejemplo, sentir celos), pero una parte de mí dice que tendría que sentirme así. Que me sienta así. Y yo, no quiero. Pero hace ruido.
Hay cosas que por más internalizadas y comprendidas espiritualmente tengamos, en la praxis cuestan bastante hacer funcionar. Sobretodo cuando uno recién empieza el camino del amor libre. Es lindo saber que teóricamente uno está predispuesto a mucho y es que el camino de la teoría pura es un camino seguro. Sin embargo es el experimentar lo que nos lleva realmente a enfrentarnos con lo que hace que esa teoría justamente exista.
Es difícil muchas veces e insisto, yo recién comienzo. Confío en que enfrentarme a mis propios prejuicios (más sobre mí que sobre el otre, en mi caso) e inseguridades me van a llevar a concretar un desarrollo personal muy grande que me va a ayudar a relacionarme más sanamente con todos mis vínculos.
Lo importante, creo, es darse el permiso de pensar y ver qué sentimos y por qué. Con calma y con paciencia y tal vez la parte más complicada para algunes: entendiéndonos sin juzgarnos.
Aprender a comunicarnos con el otre y con nosotros sin caer en el drama. Respetar los tiempos de cada quien de procesar lo que pasa.
A veces, como hoy, amanezco llena de preguntas y la verdad es que me dan ganas de huir.
Entonces trato de recordar que éste tipo de relación es lo que yo de verdad quería a pesar de todos los comentarios de mis familiares y amigues. Que en serio creo que esto puede funcionar.
Y sobretodo, me esfuerzo por no olvidar lo bien que me siento a su lado. Con él sonriendo o haciendo nada. Porque realmente cuando uno está en el baile, solo quiere bailar. Yo quiero bailar. No importa el vestido o los zapatos. No importa si al rato baila con alguien más, si yo bailo con alguien más, si no bailamos por un tiempo. Quiero saber, quiero confiar en que si ambos coincidimos en el querer, nos vamos a volver a cruzar en el baile, en la cama o en la vida.
Porque yo lo quiero bien, libre. Y preferiría no estar antes que privarle cualquier libertad. Pero quiero estar y no privarme a mí el compartir juntos sólo por inseguridades inminentes.
Por eso escribo esto hoy, sinceramente con la esperanza de decodificarme y superar lo que haya que superar.
viernes, 24 de junio de 2016
martes, 7 de junio de 2016
lunes, 2 de mayo de 2016
Jero, El Bosco.
Nos conocemos hace como 8 o 9 años. Viene sin avisar y se queda un rato conmigo. Yo recibo su visita con interés y le digo:
-Hola, Jero, qué bueno que viniste.
En realidad, no sé como se llama. Yo le puse Jerónimo porque merecía un nombre. Al final, resultó ser un gran nombre. Se llama como El Bosco, vaya honor. Un pintor viene a visitarme y yo le ofrezco comida cada vez que llega. Entra por el patio, nunca por la puerta principal. Pero, los cuatro sabemos que la puerta del corazón de esta casa es la del patio. Las gatas lo quieren, bah, Tali no tanto. Con la Molly, se conocen desde que eran chicos, son buenos amigos.
Quizá tuvo una casa, hace muchos años ya. Y un día decidió irse, prefiero creer que decidió irse. A veces no lo veo por largas temporadas. Sin embargo, siempre vuelve. Antes me tenía miedo, y hoy descubrí que algo cambió en sus ojos.
Estás viejo, Jero. Viejo y curtido. Tus orejas están tajeadas, tu pelo áspero y sucio. Flaco, flaquísimo de a ratos. No puedo más que darte un poco de comida y dejar que te acomodes en el sillón o en la silla, donde más te guste, y por un ratito nos tengas a nosotras como familia.
En verdad, nos tenés como familia.
Adoro que vengas cuando tenés ganas de estar en un lugar tranquilo, sin que nadie te persiga o te eche a los escobazos. Yo no puedo retenerte acá, aunque me gustaría, sé que estarías cuidado y sano. Pero vos tenés esa esencia que sólo los libres conocen y me hacés ver que, a pesar de que podrías irte para siempre, elegís volver a casa. Y confío en que voy a volver a verte, no sé cuándo, qué tarde de frío o qué mañana de Sol. Vos volvés y acepto tu visita con la naturalidad de pertenecernos en esa instancia compartida.
Porque hoy en tus ojos vi que me querías. Que te gusta que te acaricie atrás de la oreja y te diga que me gusta verte.
No puedo retenerte. Solo celebrar la libertad que destilan tus ojos de otro tiempo. Ojos que no entienden de noches de barrio, porque están mucho más lejos que eso.
Sólo puedo hacer eso y abrir la puerta cuando te escuche llegar.
-Hola, Jero, qué bueno que viniste.
En realidad, no sé como se llama. Yo le puse Jerónimo porque merecía un nombre. Al final, resultó ser un gran nombre. Se llama como El Bosco, vaya honor. Un pintor viene a visitarme y yo le ofrezco comida cada vez que llega. Entra por el patio, nunca por la puerta principal. Pero, los cuatro sabemos que la puerta del corazón de esta casa es la del patio. Las gatas lo quieren, bah, Tali no tanto. Con la Molly, se conocen desde que eran chicos, son buenos amigos.
Quizá tuvo una casa, hace muchos años ya. Y un día decidió irse, prefiero creer que decidió irse. A veces no lo veo por largas temporadas. Sin embargo, siempre vuelve. Antes me tenía miedo, y hoy descubrí que algo cambió en sus ojos.
Estás viejo, Jero. Viejo y curtido. Tus orejas están tajeadas, tu pelo áspero y sucio. Flaco, flaquísimo de a ratos. No puedo más que darte un poco de comida y dejar que te acomodes en el sillón o en la silla, donde más te guste, y por un ratito nos tengas a nosotras como familia.
En verdad, nos tenés como familia.
Adoro que vengas cuando tenés ganas de estar en un lugar tranquilo, sin que nadie te persiga o te eche a los escobazos. Yo no puedo retenerte acá, aunque me gustaría, sé que estarías cuidado y sano. Pero vos tenés esa esencia que sólo los libres conocen y me hacés ver que, a pesar de que podrías irte para siempre, elegís volver a casa. Y confío en que voy a volver a verte, no sé cuándo, qué tarde de frío o qué mañana de Sol. Vos volvés y acepto tu visita con la naturalidad de pertenecernos en esa instancia compartida.
Porque hoy en tus ojos vi que me querías. Que te gusta que te acaricie atrás de la oreja y te diga que me gusta verte.
No puedo retenerte. Solo celebrar la libertad que destilan tus ojos de otro tiempo. Ojos que no entienden de noches de barrio, porque están mucho más lejos que eso.
Sólo puedo hacer eso y abrir la puerta cuando te escuche llegar.
viernes, 29 de abril de 2016
En ese momento, la extrañé mucho.
Escuchaba hablar a mi abuelo, y la vi a ella sentada en su lugar. Preguntándome las mismas cosas de siempre, su saco azul colgado en la silla al lado de la tele. Su manera de sonreír y sus manos suaves. Sus ojos avellana. El llamarme para que cruce a comer algo que había cocinado, la pizza tan rica y mi parte sin anchoas. El budín de pan. Nuestras peleas, nuestras inmensas peleas.
Despertarme y que estés tomando mate en la cocina con mi vieja. Llegar de la escuela y que estés esperándome. Que me des plata a escondidas, que me digas que soy una maleducada. Que me quieras tanto y estés ya en otro lado.
Te extraño mucho, Marta. Extraño mucho ese caracter bien de mierda y complicado que tenías. Tus puteadas y cuando me decías negra o Julita. Hoy hablaba con el abu, en realidad él me contaba lo que te necesitaba, que iba todos los sábados al cementario. Y yo de cuando en cuando le decía que lo importante es que hiciera lo que le hiciese bien a él y que los demás se lavaran el orto. Que sólo él sabía qué era lo que le hacía bien. Y lloré un poquito sin que se diera cuenta, porque estabas ahí, yo te sentía sonreir.
Estabas contenta de que le haya pedido a Roberto que me diera tu ropa. Que quisiera usar tu ropa. Abrigarme en el saco azul con tu cariño de madre longeva. Estabas contenta porque tal vez pensabas que no te recuerdo tanto. Pero te llevo en mí, orgullosa de descubrir que tenemos más similitudes que desencuentros.
Yo siento que te hizo bien sentir que estaba buscando caracterizar la fuerza que siempre llevaste en tu proceder. Y pasaste un rato a saludar, porque sabés, sabés muy bien que lo que más quisiera hoy es que me retes y digas que le vas a contar a mi madre.
Y que no me importe porque estás acá.
Escuchaba hablar a mi abuelo, y la vi a ella sentada en su lugar. Preguntándome las mismas cosas de siempre, su saco azul colgado en la silla al lado de la tele. Su manera de sonreír y sus manos suaves. Sus ojos avellana. El llamarme para que cruce a comer algo que había cocinado, la pizza tan rica y mi parte sin anchoas. El budín de pan. Nuestras peleas, nuestras inmensas peleas.
Despertarme y que estés tomando mate en la cocina con mi vieja. Llegar de la escuela y que estés esperándome. Que me des plata a escondidas, que me digas que soy una maleducada. Que me quieras tanto y estés ya en otro lado.
Te extraño mucho, Marta. Extraño mucho ese caracter bien de mierda y complicado que tenías. Tus puteadas y cuando me decías negra o Julita. Hoy hablaba con el abu, en realidad él me contaba lo que te necesitaba, que iba todos los sábados al cementario. Y yo de cuando en cuando le decía que lo importante es que hiciera lo que le hiciese bien a él y que los demás se lavaran el orto. Que sólo él sabía qué era lo que le hacía bien. Y lloré un poquito sin que se diera cuenta, porque estabas ahí, yo te sentía sonreir.
Estabas contenta de que le haya pedido a Roberto que me diera tu ropa. Que quisiera usar tu ropa. Abrigarme en el saco azul con tu cariño de madre longeva. Estabas contenta porque tal vez pensabas que no te recuerdo tanto. Pero te llevo en mí, orgullosa de descubrir que tenemos más similitudes que desencuentros.
Yo siento que te hizo bien sentir que estaba buscando caracterizar la fuerza que siempre llevaste en tu proceder. Y pasaste un rato a saludar, porque sabés, sabés muy bien que lo que más quisiera hoy es que me retes y digas que le vas a contar a mi madre.
Y que no me importe porque estás acá.
sábado, 23 de abril de 2016
Después me dicen que no sea exagerada.
Pero, viejo. Ayer fue un día tan todo y hoy está tan nublado.
Ayer. Ayer casi me roban, ayer seguí trabajando en el parto del grabado (del hermoso parto del grabado), tomamos una cerveza en las escaleras de una callecita de la Boca, le canté el feliz cumple a Stella en el aula de morfología y la ayudé a repartir torta.
Llegué a casa y dormí.
Ilustré.
Luego, la verdad es que luego se fue todo al carajo porque te vi.
Te vi y a quién engaño diciendo que no me partí al medio. Fue fugaz y eterno. Como todo con vos. No me viste. Te vi desde arriba del colectivo y vos manejabas la moto, sin lentes, muy mal eso, sabés que tenés que usarlos para manejar. Lo importante igual es que no me viste. No hubiera soportado tu mirada sobre mis ojos ya quebradizos, lejos, pero horriblemente presentes en vos.
No me viste y yo te vi como un humano más.
Ojalá lo fueras, en realidad, ojalá yo pudiese configurarte de esa forma.
Te extraño con la bronca de saber que debería odiarte, tanto más sencillo sería odiarte. Pero estoy acá, extrañándote, sabiendo que no hay que volver. Que no quiero porque con vos no soy libre. Y trato de pensar que no es tu culpa. No quiero odiarte, quiero quererte con el cariño de siempre, pero sin este dolor. Verte me aterró. Me dejó en una esquina llorando.
Me entristece mutilarte así de mí. Confesar en un blog de mala muerte que te amé como no amé a nadie y que soñé tanto con vos, aposté tanto y me levanté muchísimas veces más por un futuro juntos. Que hasta pensé a ser madre con vos.
Trato de pensar que es de valientes tirarse sal en la llaga. Duele, sin embargo, es menester curarse.
Lo bueno es que hoy, entre otras tantas que decir y declarar, puedo decir que te quiero tanto como me quiero a mí. Por eso celebro que seamos libres aunque siga pensando que siempre fue muy absurdo que un pájaro se enamorase de un espanta-pájaros. Y sí que fue absurdo. Y sí, estaba destinado al fracaso.
A pesar de todo... Ese absurdo que parecía tan imposible lo hicimos real por casi 4 años.
Hoy nos libero.
Vas a seguir doliendo. Voy a seguir volando. Vamos a estar bien.
Te quiero mucho, mucho para siempre.
Pero, viejo. Ayer fue un día tan todo y hoy está tan nublado.
Ayer. Ayer casi me roban, ayer seguí trabajando en el parto del grabado (del hermoso parto del grabado), tomamos una cerveza en las escaleras de una callecita de la Boca, le canté el feliz cumple a Stella en el aula de morfología y la ayudé a repartir torta.
Llegué a casa y dormí.
Ilustré.
Luego, la verdad es que luego se fue todo al carajo porque te vi.
Te vi y a quién engaño diciendo que no me partí al medio. Fue fugaz y eterno. Como todo con vos. No me viste. Te vi desde arriba del colectivo y vos manejabas la moto, sin lentes, muy mal eso, sabés que tenés que usarlos para manejar. Lo importante igual es que no me viste. No hubiera soportado tu mirada sobre mis ojos ya quebradizos, lejos, pero horriblemente presentes en vos.
No me viste y yo te vi como un humano más.
Ojalá lo fueras, en realidad, ojalá yo pudiese configurarte de esa forma.
Te extraño con la bronca de saber que debería odiarte, tanto más sencillo sería odiarte. Pero estoy acá, extrañándote, sabiendo que no hay que volver. Que no quiero porque con vos no soy libre. Y trato de pensar que no es tu culpa. No quiero odiarte, quiero quererte con el cariño de siempre, pero sin este dolor. Verte me aterró. Me dejó en una esquina llorando.
Me entristece mutilarte así de mí. Confesar en un blog de mala muerte que te amé como no amé a nadie y que soñé tanto con vos, aposté tanto y me levanté muchísimas veces más por un futuro juntos. Que hasta pensé a ser madre con vos.
Trato de pensar que es de valientes tirarse sal en la llaga. Duele, sin embargo, es menester curarse.
Lo bueno es que hoy, entre otras tantas que decir y declarar, puedo decir que te quiero tanto como me quiero a mí. Por eso celebro que seamos libres aunque siga pensando que siempre fue muy absurdo que un pájaro se enamorase de un espanta-pájaros. Y sí que fue absurdo. Y sí, estaba destinado al fracaso.
A pesar de todo... Ese absurdo que parecía tan imposible lo hicimos real por casi 4 años.
Hoy nos libero.
Vas a seguir doliendo. Voy a seguir volando. Vamos a estar bien.
Te quiero mucho, mucho para siempre.
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