En ese momento, la extrañé mucho.
Escuchaba hablar a mi abuelo, y la vi a ella sentada en su lugar. Preguntándome las mismas cosas de siempre, su saco azul colgado en la silla al lado de la tele. Su manera de sonreír y sus manos suaves. Sus ojos avellana. El llamarme para que cruce a comer algo que había cocinado, la pizza tan rica y mi parte sin anchoas. El budín de pan. Nuestras peleas, nuestras inmensas peleas.
Despertarme y que estés tomando mate en la cocina con mi vieja. Llegar de la escuela y que estés esperándome. Que me des plata a escondidas, que me digas que soy una maleducada. Que me quieras tanto y estés ya en otro lado.
Te extraño mucho, Marta. Extraño mucho ese caracter bien de mierda y complicado que tenías. Tus puteadas y cuando me decías negra o Julita. Hoy hablaba con el abu, en realidad él me contaba lo que te necesitaba, que iba todos los sábados al cementario. Y yo de cuando en cuando le decía que lo importante es que hiciera lo que le hiciese bien a él y que los demás se lavaran el orto. Que sólo él sabía qué era lo que le hacía bien. Y lloré un poquito sin que se diera cuenta, porque estabas ahí, yo te sentía sonreir.
Estabas contenta de que le haya pedido a Roberto que me diera tu ropa. Que quisiera usar tu ropa. Abrigarme en el saco azul con tu cariño de madre longeva. Estabas contenta porque tal vez pensabas que no te recuerdo tanto. Pero te llevo en mí, orgullosa de descubrir que tenemos más similitudes que desencuentros.
Yo siento que te hizo bien sentir que estaba buscando caracterizar la fuerza que siempre llevaste en tu proceder. Y pasaste un rato a saludar, porque sabés, sabés muy bien que lo que más quisiera hoy es que me retes y digas que le vas a contar a mi madre.
Y que no me importe porque estás acá.
viernes, 29 de abril de 2016
sábado, 23 de abril de 2016
Después me dicen que no sea exagerada.
Pero, viejo. Ayer fue un día tan todo y hoy está tan nublado.
Ayer. Ayer casi me roban, ayer seguí trabajando en el parto del grabado (del hermoso parto del grabado), tomamos una cerveza en las escaleras de una callecita de la Boca, le canté el feliz cumple a Stella en el aula de morfología y la ayudé a repartir torta.
Llegué a casa y dormí.
Ilustré.
Luego, la verdad es que luego se fue todo al carajo porque te vi.
Te vi y a quién engaño diciendo que no me partí al medio. Fue fugaz y eterno. Como todo con vos. No me viste. Te vi desde arriba del colectivo y vos manejabas la moto, sin lentes, muy mal eso, sabés que tenés que usarlos para manejar. Lo importante igual es que no me viste. No hubiera soportado tu mirada sobre mis ojos ya quebradizos, lejos, pero horriblemente presentes en vos.
No me viste y yo te vi como un humano más.
Ojalá lo fueras, en realidad, ojalá yo pudiese configurarte de esa forma.
Te extraño con la bronca de saber que debería odiarte, tanto más sencillo sería odiarte. Pero estoy acá, extrañándote, sabiendo que no hay que volver. Que no quiero porque con vos no soy libre. Y trato de pensar que no es tu culpa. No quiero odiarte, quiero quererte con el cariño de siempre, pero sin este dolor. Verte me aterró. Me dejó en una esquina llorando.
Me entristece mutilarte así de mí. Confesar en un blog de mala muerte que te amé como no amé a nadie y que soñé tanto con vos, aposté tanto y me levanté muchísimas veces más por un futuro juntos. Que hasta pensé a ser madre con vos.
Trato de pensar que es de valientes tirarse sal en la llaga. Duele, sin embargo, es menester curarse.
Lo bueno es que hoy, entre otras tantas que decir y declarar, puedo decir que te quiero tanto como me quiero a mí. Por eso celebro que seamos libres aunque siga pensando que siempre fue muy absurdo que un pájaro se enamorase de un espanta-pájaros. Y sí que fue absurdo. Y sí, estaba destinado al fracaso.
A pesar de todo... Ese absurdo que parecía tan imposible lo hicimos real por casi 4 años.
Hoy nos libero.
Vas a seguir doliendo. Voy a seguir volando. Vamos a estar bien.
Te quiero mucho, mucho para siempre.
Pero, viejo. Ayer fue un día tan todo y hoy está tan nublado.
Ayer. Ayer casi me roban, ayer seguí trabajando en el parto del grabado (del hermoso parto del grabado), tomamos una cerveza en las escaleras de una callecita de la Boca, le canté el feliz cumple a Stella en el aula de morfología y la ayudé a repartir torta.
Llegué a casa y dormí.
Ilustré.
Luego, la verdad es que luego se fue todo al carajo porque te vi.
Te vi y a quién engaño diciendo que no me partí al medio. Fue fugaz y eterno. Como todo con vos. No me viste. Te vi desde arriba del colectivo y vos manejabas la moto, sin lentes, muy mal eso, sabés que tenés que usarlos para manejar. Lo importante igual es que no me viste. No hubiera soportado tu mirada sobre mis ojos ya quebradizos, lejos, pero horriblemente presentes en vos.
No me viste y yo te vi como un humano más.
Ojalá lo fueras, en realidad, ojalá yo pudiese configurarte de esa forma.
Te extraño con la bronca de saber que debería odiarte, tanto más sencillo sería odiarte. Pero estoy acá, extrañándote, sabiendo que no hay que volver. Que no quiero porque con vos no soy libre. Y trato de pensar que no es tu culpa. No quiero odiarte, quiero quererte con el cariño de siempre, pero sin este dolor. Verte me aterró. Me dejó en una esquina llorando.
Me entristece mutilarte así de mí. Confesar en un blog de mala muerte que te amé como no amé a nadie y que soñé tanto con vos, aposté tanto y me levanté muchísimas veces más por un futuro juntos. Que hasta pensé a ser madre con vos.
Trato de pensar que es de valientes tirarse sal en la llaga. Duele, sin embargo, es menester curarse.
Lo bueno es que hoy, entre otras tantas que decir y declarar, puedo decir que te quiero tanto como me quiero a mí. Por eso celebro que seamos libres aunque siga pensando que siempre fue muy absurdo que un pájaro se enamorase de un espanta-pájaros. Y sí que fue absurdo. Y sí, estaba destinado al fracaso.
A pesar de todo... Ese absurdo que parecía tan imposible lo hicimos real por casi 4 años.
Hoy nos libero.
Vas a seguir doliendo. Voy a seguir volando. Vamos a estar bien.
Te quiero mucho, mucho para siempre.
sábado, 19 de marzo de 2016
Los días en los que éramos felices.
"La felicidad es tan grande que de cerca no se ve."
Sentencian Gabo Ferro y Luciana Jury.
Es cierto, muchas veces lo es. Y tal vez, ahora mismo, no esté viendo la felicidad sino la plenitud, que son cosas diferentes, pero muy cercanamente emparentadas.
Viene siendo un gran día. Días así que el clima es de otoño, que la mañana trae café con leche y medialunas. No amanezco en mi casa. Despierto en la casa de mi mamá. Bajo y ella ya no está. Se fue a una marcha. Está Flabián, quien es su pareja. Lo quiero mucho. Cuando voy a ver a mi mamá (también lo voy a ver a él) a veces me prepara fernet. O me acaricia la cabeza con gesto paternal. A mí me gusta eso, cuando tengo ganas, le cuento un poco de mis dramas. Hoy le pedí si me podía ayudar a elegir un libro para regalar. Me terminé comprando dos libros yo, hermosos.
Después fui a tomar el colectivo. Vino rápido, me pude sentar a leer y todo. Llego a casa y me siento ¿Feliz? Realmente bien, al menos. Molly y Tali vienen a recibirme, como siempre. Prendo un sahumerio, pongo a lavar la ropa, un disco de canciones de los Beatles hechas bossa. Tosto el pan, rayo la zanahoria, condimento la palta. Y no puedo dejar de sentir que la plenitud es eso. Estar entre mis cosas, comer algo rico, que Tali corra y maulle mensajes que no comprendo del todo, que la Molly quiera comer de lo que estoy comiendo. Estar descalza, colgar la ropa, poner la pava, cargar el termo y salir en bici a leer en la plaza.
Plenitud debe ser algo así como sentir que en el presente que habitás, no podrías ni querrías estar haciendo algo diferente a lo que estás haciendo ahora.
¿Y eso, no se le parece a la felicidad?
Yo creo que sí.
Sentencian Gabo Ferro y Luciana Jury.
Es cierto, muchas veces lo es. Y tal vez, ahora mismo, no esté viendo la felicidad sino la plenitud, que son cosas diferentes, pero muy cercanamente emparentadas.
Viene siendo un gran día. Días así que el clima es de otoño, que la mañana trae café con leche y medialunas. No amanezco en mi casa. Despierto en la casa de mi mamá. Bajo y ella ya no está. Se fue a una marcha. Está Flabián, quien es su pareja. Lo quiero mucho. Cuando voy a ver a mi mamá (también lo voy a ver a él) a veces me prepara fernet. O me acaricia la cabeza con gesto paternal. A mí me gusta eso, cuando tengo ganas, le cuento un poco de mis dramas. Hoy le pedí si me podía ayudar a elegir un libro para regalar. Me terminé comprando dos libros yo, hermosos.
Después fui a tomar el colectivo. Vino rápido, me pude sentar a leer y todo. Llego a casa y me siento ¿Feliz? Realmente bien, al menos. Molly y Tali vienen a recibirme, como siempre. Prendo un sahumerio, pongo a lavar la ropa, un disco de canciones de los Beatles hechas bossa. Tosto el pan, rayo la zanahoria, condimento la palta. Y no puedo dejar de sentir que la plenitud es eso. Estar entre mis cosas, comer algo rico, que Tali corra y maulle mensajes que no comprendo del todo, que la Molly quiera comer de lo que estoy comiendo. Estar descalza, colgar la ropa, poner la pava, cargar el termo y salir en bici a leer en la plaza.
Plenitud debe ser algo así como sentir que en el presente que habitás, no podrías ni querrías estar haciendo algo diferente a lo que estás haciendo ahora.
¿Y eso, no se le parece a la felicidad?
Yo creo que sí.
viernes, 12 de febrero de 2016
El día que te
mates diré que no sé
si eras un alma
incomprendida
o nada más fuiste un
gran pelotudo.
Ya te extraño porque en esta vida dejaste de ser lo que eras para mí.
Te contaminaste tanto en el camino que jamás emprendiste.
Hace rato dejé de conocerte
pero, qué sé yo
creo que por todo lo que te quise
aún está bien que esté a tu lado
y escuche lo que te duele
aunque me duelas al mismo tiempo.
No puedo concederte la soledad que buscas y de la cual te quejás.
mates diré que no sé
si eras un alma
incomprendida
o nada más fuiste un
gran pelotudo.
Ya te extraño porque en esta vida dejaste de ser lo que eras para mí.
Te contaminaste tanto en el camino que jamás emprendiste.
Hace rato dejé de conocerte
pero, qué sé yo
creo que por todo lo que te quise
aún está bien que esté a tu lado
y escuche lo que te duele
aunque me duelas al mismo tiempo.
No puedo concederte la soledad que buscas y de la cual te quejás.
martes, 9 de febrero de 2016
¿De dónde viene esa necesidad de que me arropen como si fuera un gatito perdido que no encuentra su casa y necesita calor para pasar el invierno?
Ultimamente creo que lo único que necesito es un abrazo. Acurrucarme en algún lugar seguro. Ver la tormenta desde adentro y esperar que pase. No ser el tigre cansado y herido que bajo un árbol se vuelve río de tanta lluvia en su sangre.
Pero uno es tigre. Y resiste.
Ultimamente creo que lo único que necesito es un abrazo. Acurrucarme en algún lugar seguro. Ver la tormenta desde adentro y esperar que pase. No ser el tigre cansado y herido que bajo un árbol se vuelve río de tanta lluvia en su sangre.
Pero uno es tigre. Y resiste.
domingo, 31 de enero de 2016
Collages

Entendí algo.
No sirvo para las cosas etiquetadas, para lo exacto y lo estrictamente definido. Me gusta lo fluido. Lo que puede ser al mismo tiempo muchas cosas y tal vez ninguna. Cada vez creo menos que al amor le quepa alguna etiqueta o algún límite. Yo ni siquiera he incursionado en el poliamor, pero en serio, sí que he amado. Amado sin restricciones, porque aunque la culpa sea una alarma que se activa cuando rompemos el molde de lo esperable, por más que me censure, por más que no lo cuente o exteriorice, en mí... En mí, yo siento todo lo que me nazca sentir.
Se me da bien hacer collages. Armar algo nuevo con lo que hay. Organizarlo de tal manera que funcione. Ensamblar las partes de todos los todos y crear algo superior. Superior al menos para mí, puesto que es algo que me libera. Hacer collages es armar un rompecabezas sin conocer concientemente la imagen final. La intuición nos guía. Es la esencia quemándonos en la necesidad de ser materializada lo que nos guía a la resurrección final. Hacia la santa estampita que nace para coronarse en nuestros santos antepasados.
Tengo pies de esclava. Se me curten solos y las gritas de mis talones parecen raíces. Tengo caderas grandes y pechos pequeños. Lunares en la cara, pecas en mi nariz. Una piel tersa y blanca la cual es dibujada por el Sol. Me quemo y duele. Me lastimo y sana, pero la cicatriz, todas las marcas de mi cuerpo, parecen haber sido creadas para ser eternas. Quizá como recordatorio de lo que fue superado o de los errores que no deben volver a cometerse. Mis ojos, marrones oscuros; tierra mojada después de la tormenta, así de fértiles y rotundos. Una boca con un aguijón lleno de miel. Un sexo apasionado y desprejuiciado. Un corazón con compromiso latinoamericano de mujer en lucha y mis manos a veces ásperas, pero siempre sensibles.
Ya es tarde, ya es noche. Yo escribo. Escucho canciones en español, el idioma que profeso secundariamente, porque suelo elegir la sutileza de lo tácito como lengua materna. Leer entre lo silencios que hacen música a la música.
Sé escuchar cuando el río cambia su caudal
y cuando trae sirenas.
Yo conozco a las sirenas.
martes, 26 de enero de 2016
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